Democracia interna

Hace un siglo Robert Michels, en su estudio sobre el Partido Socialdemócrata Alemán, alertaba sobre lo que él llamó la Ley de Hierro de la Oligarquía. Según esta teoría un partido nunca sería democrático porque en la propia organización estaba el germen de la oligarquía. ¿Qué significa esto?

Imaginemos un partido donde se adopten decisiones de manera excluyente, con liturgias cesaristas, sin tener en cuenta cuáles son las opiniones de los militantes y donde éstos sólo sean consultados para legitimar políticas y resoluciones ya tomadas en círculos pequeños por las élites del partido. Según este modelo las élites controlarían de manera férrea el poder, no facilitarían la participación de la militancia en la elaboración de las líneas políticas ni en la elección de las candidaturas y la militancia carecería de mecanismos para premiar o castigar a sus líderes si incumpliesen su programa de gobierno o sus compromisos internos.

Nada de esto parece muy democrático, ¿verdad? Sin embargo algo de esto ya podemos ver en el partido. Hemos externalizado gran parte de la labor política del partido en personas algunas de las cuales ni siquiera tienen el carnet de afiliado o afiliada. Supuestos expertos tienen más voz a la hora de redactar nuestros programas que la propia militancia. Se ignora a los Grupos de trabajo y a los Grupos sectoriales y sólo se escucha con atención a quienes tienen peso político, no experiencia o formación en los temas.

Otro problema que surge con la falta de democracia interna es la constante reelección de los mismos dirigentes o de personas cercanas a ellos por amistad, familia o negocios. La capacidad de renovación de los dirigentes del partido es una de las condiciones necesarias para evitar la oligarquización apuntada y promover la democracia interna.

Hay quien defiende que la democracia interna perjudica nuestras posibilidades de éxito electoral. Que para ganar elecciones lo que necesitamos es disciplina y cohesión interna, no pluralismo o debate.

Sin embargo lo cierto es que la falta de democracia interna genera desconfianza entre la ciudadanía y cuestiona la calidad del sistema democrático. Así es como ha comenzado el descrédito del partido ante la opinión pública y el rumbo errático que hemos mantenido los últimos años. Necesitamos cambiar el PSOE y democratizar su vida interna. Necesitamos transparencia porque la opacidad nos aleja de la ciudadanía. Y necesitamos participación para asegurar la gobernabilidad y la estabilidad de nuestro sistema político.

El PSOE tiene que volverse un partido ágil, participativo, transparente, representativo de las demandas de la sociedad y eficaz en la acción de gobierno.

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Abogado y militante del PSOE de Gijón desde 1999. Inquieto. Crítico. Comprometido. Gran aficionado a la lectura. Padre y esposo.

No hay comentarios on "Democracia interna"

  • Hugo Suárez says

    Se dice que uno de los mayores fallos que tiene un sistema presidencialista es que es inestable, que hace falta en la base social un sentimiento democrático muy fuerte y arraigado para que funcione. Es por eso que en Estados Unidos el sistema lleva 250 años firmemente asentado en la democracia y otros, con el mismo sistema de estado, se convierten en repúblicas bananeras.
    Es fundamental para una sociedad, que sus ciudadanos y todas las instituciones y organizaciones, que la integran, especialmente sus partidos políticos, tengan bien asentados culturalmete unos impecables, firmes e inquebrantables pricipios democráticos, porque el futuro de esa sociedad, a largo plazo, depende de la calidad de su democracia.

    • gijonsocialista says

      Impecablemente expuesto, Hugo.

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