Historia de dos ciudades

Historia de dos ciudades

«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación». Oviedo y Gijón han protagonizado el fin de semana el mayor culebrón político que se recuerda en Asturias. Y ha tenido un elenco atractivo. El maduro profesor resabiado por años de lucha política. La cirujana que no para de encestar porque nadie defiende un rebote. La abogada idealista que antepone los ciudadanos a sus intereses. El viejo sindicalista otra vez en la brecha. Y dos chicos maravilla que ven truncadas sus aspiraciones.

Seamos francos. La marca blanca de Podemos se ha comportado de forma diametralmente opuesta en dos ciudades separadas por sólo 25 kilómetros. Oviedo será de izquierdas por la generosidad de Somos Oviedo. Y Gijón será de derechas por la intransigencia de Xixón Sí Puede. Se podrán matizar ambas afirmaciones pero el fondo de la realidad es ése. ¿Responsabilidad compartida en Gijón? Claro. Pero no en la misma medida.

¿Qué decir del papelón de la FSA en esta historia? ¿Qué decir cuando afirma que el PSOE es el mismo en toda Asturias aunque dependiendo del municipio pacta con Izquierda Unida, con Foro o con Podemos? ¿Qué decir cuando condiciona el apoyo en Oviedo a que Xixón Sí Puede haga lo propio en Gijón pero no rechaza a los concejales de Podemos en ninguno de los municipios donde los necesita para alcanzar la alcaldía?

Se equivocó la FSA el viernes. Lo dije entonces y lo vuelvo a decir. No es legítimo, ni inteligente, ni justo vincular el destino político de los miles de habitantes de Gijón y Oviedo a un vulgar cambio de cromos. Porque demuestra una gran insensibilidad e indiferencia hacia los intereses de los ciudadanos de la capital de Asturias. Igual que es indefendible cuestionar una de por sí cuestionable consulta ciudadana porque sólo votaron 3500 gijoneses y decidir el destino de Oviedo con 170 delegados socialistas entre los cuales sólo hay un puñado de ovetenses.

Por contra en Oviedo primó la sensatez y la generosidad que la ciudadanía echa en falta en la política estos días. Fue extraordinario lo que tendría que ser común: pensar en las personas, no en los cargos, no en los sueldos, no en los intereses partidistas. Primar los comportamientos desinteresados frente a los discursos grandilocuentes y huecos. Resultado injusto para los más generosos que han cedido en su legítima y razonable aspiración a la alcaldía. Como injusto es el resultado final de Gijón donde la generosidad no brilló por ningún sitio. Ahora habrá estrategas de salón que se colgarán la medalla de un Oviedo socialista vinculándolo al ultimátum de la FSA. Afortunadamente la ciudadanía es más inteligente que eso.

Las obsesiones en política nunca son buenas. Llevan a cometer errores. Ofuscan el análisis objetivo y contaminan la estrategia política. Conducen a dar una exagerada relevancia a lo secundario frente a lo verdaderamente importante. La política no puede ni debe ser eso. La política tiene que ser un llamamiento a «los mejores ángeles de nuestra naturaleza» que decía Lincoln. Los mismos ángeles que sobrevolaron Oviedo la tarde del sábado.

José Antonio Garmón es abogado y militante socialista

Publicado en El Comercio el 16 de junio de 2015

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Abogado y militante del PSOE de Gijón desde 1999. Inquieto. Crítico. Comprometido. Gran aficionado a la lectura. Padre y esposo.

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